Pintar: El primer acercamiento

Payasote no tenía, hasta hace bien poco, ningún tipo de vocación artística.

Las veces que le había dejado experimentar con una pintura se había dedicado a golpearla sobre el papel y, claro, no pintaba. La experiencia con la pintura de dedos no fue tampoco nada satisfactoria.

Cuando empecé a ver que me quitaba a mí los bolígrafos y lápices para intentar usarlos él decidí que había llegado el momento de comprarle unas ceras para él.

¡Tarea nada fácil! Nada es fácil con estos pequeñajos.

Compré unas del bazar chino que me pillaba más a mano, unas ceras normales y corrientes de las de toda la vida. Pintaban muy bien, Payasote no tenía que hacer apenas fuerza para que se marcara el trazo en el papel. Sin embargo, en cuanto se caían al suelo (o las tiraba él) se rompían inmediatamente y quedaban los trozos por ahí con el peligro que supone que en cualquier momento se le cruce un cable y decida comérselo. Tenía que vigilarlo constantemente y era un poco estresante.

En el siguiente viaje al mismo bazar vi unas que ponía “extra fuerte” y decidí comprarlas para probar. El letrero tenía razón, al caerse no se rompen, pero tampoco pintan, hay que hacer fuerza y Payasote todavía no tiene dominada la técnica.

Resultado de imagen de eurekakids ceras blandas babyAl final me hice con unas en una juguetería, pinturas diseñadas para bebés, gordotas para que las pueda coger bien, pintan fácilmente pero no manchan y, según pone en la caja, fácilmente lavables.

Payasote está encantado con ellas. Evidentemente, no hace más que rayajos, pero se entretiene mucho.

Lo cual no significa que se esté quieto en el proceso. Se levanta y se va a pasear con una cera en cada mano.

Si ha heredado las capacidades artísticas de sus progenitores dudo que llegue lejos en este terreno, la verdad. Al menos yo, no paso de los monigotes de palotes. Esperemos que se parezca a su tía artística.

Ha habido gente que me decía que le diera lápices de colores, sin embargo yo intentaba evitar darle cualquier cosa que pudiese convertirse en arma. Me parecía demasiado fácil que cogiera el lápiz y se lo clavase a sí mismo o a nosotros.

También ha habido mucha gente que me recomendaba comprarle rotuladores. Esa gente, opinólogos gratuitos y desinteresados, seguramente no han tenido hijos, o no se parecían a mi niño lleno de energía. Si le diera un rotulador a Payasote es MUY probable que acabasen las paredes y el sofá pintados y, por muy lavable que sea, desenfundar el sofá es un faenón.

El otro modo artístico que le permito y que, de hecho, llegó antes que las pinturas, son las tizas. Aunque, sinceramente, ensucia tanto, que sólo se las dejo puntualmente, en el parque o el chalet.

¿Vuestros peques son artistas artísticos?

 

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