El parque, esa relación amor-odio.

Ya comenté en redes sociales mi especial relación con los parques.

A mí, personalmente, no me entusiasman pero a Payasote le encantan así que, para mantener el equilibrio del universo, he tenido que encontrar un punto intermedio.

Por el momento, el peque es un gran aficionado al parque, sabe dónde está, si pasamos por delante pero paso de largo se pone a llorar…al final he de buscar un ratito diario para que libere energía allí y, si un día verdaderamente no me es posible llevarle, será mejor que ni me acerque, por el bien de mi salud mental y el de mi reserva de paciencia.

Sin embargo, tras probar varios horarios y varios parques, he elegido mis preferencias: uno de los parques en concreto y bajamos por la mañana.

¿Por qué por la mañana? Bueno, concretamente, en horario escolar.

Payasote es aún chiquitín, cuando bajamos fuera del horario escolar el parque está lleno de niños mayores, con que tengan 4 o 5 años ya son niños mayores para él, y yo me tengo que dedicar a hacer de guardia de seguridad y no me gusta.

Por la mañana coincidimos con bebés y niños de menos de 3 años que no van a guardería, es decir, niños de edades más acordes con él, que juegan a cosas en las que él puede participar sin que su integridad física se vea afectada. Niños de su tamaño con los pelear por los juguetes o compartir las tizas sin el miedo a que el empujón de uno me lo deje espachurrado en el suelo.

Aún así, me toca perseguirle, más que nada para que no se suelte y se deje caer desde las escaleras del tobogán si, de pronto, ve algo que le llama la atención, o cosas así. Le persigo como observadora y trato de no intervernir a menos que vea algo realmente peligroso.

Sin embargo, a pesar de estas “precauciones“, de vez en cuando “sufrimos” algún incidente.

El pasado sábado estábamos tranquilamente jugando en el tobogán. Él subía los escalones solito y, por tanto, despacito, a su ritmo, cuando apareció una niña “mayor” de padres despreocupados**

Esta niña se subió pisándole los talones a Payasote y, cuando él aún no había llegado abajo, se lanzó, con lo que aterrizó encima de él. En ese momento, ayudé a mi hijo a levantarse mientras él la miraba con cara de “¿qué ha pasado?” y le expliqué amable y educadamente a la niña que “el nene es pequeñito, baja más despacio y hay que esperar a que se quite antes de lanzarse porque si no podemos caer encima de él y hacerle daño”. Parece que la explicación no le convenció en absoluto porque el episodio se repitió de nuevo y esta vez se lo volví a explicar con un poco menos de calma.

Soy consciente de que la niña no es más que eso, una niña…pero estas situaciones me ponen muy nerviosa.

Quizás haya quien, al leer esto, me considere una madre sobreprotectora o me recrimine “reñir” a niños ajenos sin embargo, hice lo que consideré correcto en ese momento.

**¿Por qué he calificado a los padres de la niña como despreocupados? Porque la niña de 5 años (me informó ella misma de su edad) estaba sola en el parque, en lo que alcanzaba mi vista, no había ningún adulto acompañándola.

Ante esta situación desvié la atención de Payasote hacia otras “atracciones” hasta que la niña finalmente se fue.

Fuera del horario escolar esto me pasa con todos los niños del parque, y como no me apetece enemistarme con todo el barrio ni tengo ganas de que me dé un ataque, he decidido ir sólo por la mañana. Esto nos devuelve al principio del post. Hay más tranquilidad y los conflictos se limitan a “me gustan los juguetes de los otros más que los míos”, cosa que daría para otro post.

Ahora que llega el verano y los días alargan quizás no pueda cumplir mis deseos y tenga que armarme de valor para bajar también alguna tarde. O cuando lleguen las vacaciones escolares…¡señor dame paciencia!

¿Vosotras también tenéis amor-odio por los parques?

 

 

 

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2 comentarios en “El parque, esa relación amor-odio.

  1. Yo he pasado un poco esa etapa, al menos ya no me preocupo tanto como antes porque el Peque ya tiene 5 años. Pero yo también tengo una relación amor-odio con el parque. Cuando son pequeños vas de vigilante siempre alerta. Y eso cansa. Es ahora cuando me estoy relajando un poco más. Además de que ya juegan los tres y yo puedo mantenerme un poco más al margen 🙂

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