La duda…pegada a nosotras.

Que levante la mano aquella madre, sobre todo si es primeriza, que no se haya sentido invadida por las dudas alguna vez. ¿Nadie? ¿Seguro?

Lo que sospechaba. No soy la única.

En el momento del parto se nos otorga ciertos privilegios: tener a ese pequeñito ser tan adorable pegadito a ti, acariciarle, ver su primera sonrisa, disfrutar de sus monerías y de él en general.

Pero, no nos engañemos, también se nos otorga una gran responsabilidad: ese pequeñito ser tan adorable depende de ti para todo.

Luego se nos otorga el derecho a pronunciar las típicas frases de madre: “¿Pero has mirado bien? Como vaya yo y lo encuentre…” “¡Un día de estos cojo la puerta y me marcho!”…

Pero sobre todo, en ese momento se nos concede el derecho, o más bien la obligación, de dudar de todo y de nosotras mismas por encima de todo.

Descartes y su duda metódica quedan a nivel de aficionado en comparación con nosotras.

Al principio las dudas que nos surgen están relacionadas con el modo de manter al pequeñín vivo, bien alimentado, limpio y cómodo. ¿Comerá lo suficiente? ¿Tendrá frío? ¿Por qué llora? ¿Tendrá gases?

Pero, a medida que el pequeñín deja de ser tan pequeñín y se va transformando en un niño en el que empieza a definirse una personalidad clara, las dudas comienzan a abarcar el terreno de lo trascendental: La educación.

Al fin y al cabo, todas estas dudas, cualquier duda, todas las dudas posibles se resumen en una sola pregunta: ¿Lo estaré haciendo bien?

¿Quién no se ha hecho esa pregunta alguna vez?

¿Lo estaré haciendo bien? Cuando pierdes la paciencia y le chillas.

¿Lo estaré haciendo bien? Cuando tienes prisa y no esperas a que haga él solito las cosas, y se enfada.

¿Lo estaré haciendo bien? Cuando le estás explicando que si te tira un juguete te hace daño y, como respuesta, coge un bloque de construir (megablock) y te lo tira a la cara.

Si le pido un cuento y me lo trae…me entiende perfectamente…¿por qué ahora no me hace caso?

¿Lo estaré haciendo bien?

Le miras, le observas, le analizas, le escrutas en busca de una señal que te indique que sí que lo estás haciendo bien…

Quizás es demasiado pequeño para emitir esas señales…¡si ni siquiera habla! Quizás me estoy haciendo todas estas preguntas antes de tiempo…

Quizás…

Quizás deberíamos, y yo la primera, dejar de dudar tanto y confiar un poquito más. Ninguna es perfecta pero, como decía aquel cartel que se hizo viral hace un tiempo, tú eres la mejor madre que tu hijo puede tener.

Y bueno, dicen que quien hace todo lo que puede no está obligado a más, ¿no?

Yo intento hacerlo lo mejor posible, de eso no tengo duda.

 

 

 

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3 comentarios en “La duda…pegada a nosotras.

  1. La maternidad es una experiencia maravillosa. No la cambiaría por nada, pero también es una de las etapas mas difíciles. Empezando por q en ocasiones se crean falsas expectativas. La realidad q vives no es como se lee en una revista. Existe una lluvia de sentimientos, q en esta etapa no sabe uno controlar.

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  2. Yo suelo pensar que biológicamente hablando estamos preparadas para criar hijos así que intento confiar en mi instinto aunque eso no significa que no tenga mis dudas y, sobre todo, cuando tu entorno no hace más que cuestionar tus decisiones. También he de decir que cuando veo sonreir a mi hija, pienso que algo debemos estar haciendo bien.

    No conocía tu blog pero por lo que he visto me gusta así que creo que me iras viendo por aquí. Si quieres pasarte por el mio, estaré encantada.

    Le gusta a 1 persona

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