Helado casero

¡Qué ricos los helados! ¿verdad?

El verano no sería lo mismo sin poder disfrutar de un heladito de vez en cuando ¿no?

Pues en esas estoy yo, con dificultades para disfrutar de tan delicioso placer.

Como “secuela” del embarazo me quedaron piedras en la vesícula. Sr.Marido dice que BEBÉ.M estuvo jugando a las canicas dentro de mí y, al salir, se las olvidó. La cuestión es que es algo relativamente habitual después de un embarazo pero doloroso, muy doloroso. Tras varios ataques de dolor de estómago brutal, con vómitos, que me mantenían en cama (con lo que ello supone cuando has de cuidar de un bebé) me convencí de que no estaban causados por nervios y me fui al médico, ¡voi-là! una colección de piedras en la vesícula. ¿Solución? Cirugía. Y hasta entonces…dieta. Dieta estricta, dieta sin grasas, dieta del aburrimiento.

Esta dieta limita muchísimo mis opciones en el día a día, limita mi vida social (que parece que sólo somos capaces de socializar en torno a un plato de comida) y resulta bastante frustrante en general. Además, no es una dieta cualquiera que puedas saltarte un día y las consecuencias sólo se reflejen en la báscula (aunque he perdido ya lo ganado en el embarazo y más, algo bueno tenía que sacar de todo esto). Si me salto la dieta acabo con cólicos en cama, en el mejor de los casos, si no, en urgencias.

En cualquier caso, esta entrada iba de helados, así que vuelvo a centrarme.

La cuestión es que, para alegrarme un poquito la vida, he puesto en marcha mi imaginación y os presento mi heladito súper-sano y casero. Y súper sencillo de preparar (que aquí una servidora no tiene mucho amor por la cocina).

Sólo necesitamos: Yogur líquido desnatado y fruta.

  • Cortamos la fruta que nos apetezca a trocitos. Yo elegí fresa y plátano. Siempre me ha gustado esa combinación.

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  • Después llenamos un pequeño recipiente con el yogur líquido. Yo decidí aprovechar los miles de tarritos que tengo de las papillas de fruta de BEBÉ.M. El yogur lo elegí también de fresa. Por alguna extraña razón no he encontrado yogur líquido desnatado natural y sólo hay sabor limón y sabor fresa. Entre esas dos opciones pensé que la fresa pegaba mejor con la fresa y el plátano.

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  • Por último, añadimos la fruta y ¡al congelador!

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A la hora de comérmelo lo saqué del congelador para que se reblandeciera un poquito y no fuese un pedrusco helado. Se me fue el santo al cielo y cuando fui a por él estaba prácticamente líquido. Aún así, estaba fresquito y muy rico.

¿Qué os parece?

Seguiré contando inventos.

 

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Un comentario en “Helado casero

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