¡Qué raras somos las mamis!

Desde que me convertí en madre cambió mi modo de ver el mundo. Mi modo de concebir y medir el tiempo, de ver las calles, de pensar, en definitiva: todo cambió.

Antes, cuando iba a salir a la calle comprobaba si llevaba el móvil, las llaves, la cartera, pañuelos, botellita de agua…ahora miro además si llevo pañales, toallitas, una muda, gasas-muselinas varias, baberos, biberón, agua caliente, potito, cuchara, juguetes…

Antes, iba por la calle mirando si tenía que esquivar cacas de perro. Ahora, además, voy mirando dónde hay rampas por las que cruzar la calle, pasos de peatones, la posición del sol para evitar que le dé en la cara al bebé…Es como ir por la calle con unas gafas de esas modernas de realidad virtual en la que miras con los ojos de un carro de bebé.

¿Una calle con obras? Antes no pasaba de una simple anécdota, ahora es poco menos que una combinación de laberinto y carrera de obstáculos.

Antes, como para las personas normales, mis días se estructuraban en mañana, tarde y noche. Ahora el día se distribuye en el tiempo entre papilla de cereales y papilla de pollo, papilla de fruta, y biberón grande.

Antes, si tenía que darme una ducha, encendía el calentador y me metía a la ducha tranquilamente, el tiempo que fuese necesario, a disfrutar de la paz y la relajación del chorro de agua caliente. Ahora, si me quiero dar una ducha, o bien tengo que esperar a que marido esté en casa, o avisar a mi madre para que venga o, si mi pequeño culebrilla está a buenas, dejarlo en la hamaca en la puerta del baño y ducharme a la velocidad del rayo mientras me voy asomando por la cortina de la ducha diciendo ¡cucú!.

Antes, aunque nunca he sido de las mujeres que se maquillan habitualmente, si tenía que hacerlo, procedía a ello, con tranquilidad, con todos sus pasos por orden…Ahora, el maquillaje se limita a BBC (bodas, bautizos y comuniones) y es lo más básico posible. ¿El proceso de desmaquillado? Tres cuartos de lo mismo, antes procedía a aplicar la leche desmaquillante, el limpiador-exfoliante, retirarlo con agua y aplicar la crema hidratante. Ahora, sobre todo si el maquillaje respondía a un evento nocturno e implica quitarlo a altas horas (cualquier cosa más allá de las 23.30…) el ritual se reduce a “¡toallita desmaquillante y fuera!” Eso sí, si las ojeras me llegan a los pies, o hemos pasado mala noche y parezco un zombie muy vivo, BB cream…rápido y da el color suficiente como para disimular un poquito.

Antes, mis momentos de alegría podrían estar causados por oler una flor (entre otras muchas cosas). Ahora, el sonido de los peditos o notar que el bebé hace cacotas es felicidad absoluta (dados los, cada vez más, frecuentes episodios de gases y estreñimiento del bebé…estoy loca pero no tanto).

¡Qué raras somos las mamis!

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